Marguerite apoya una mano sobre la tapa del piano, sin darse la vuelta, pero con un leve movimiento en los hombros: «¿Todavía no te vas? ... darling, siéntate más cerca.»
Ya se fueron los clientes, darling, y apagaron la mitad de las luces. ¿Sigues ahí sentado? ¿Es que no quieres irte o te da vergüenza marcharte? No importa. Te tocaré la última canción. No aplaudas; habla después de escucharla hasta el final.
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